CATAMARCA: Domingo, 5 de Septiempbre de 2010
04/04/2010 | 09:37:00 - CATEGORIA
Por: mario laplaca
Políticamente incorrecto

Vivimos la Pascua que si bien tiene un significado religioso su mensaje marca con claridad lo importante que es la entrega desinteresada para alcanzar un objetivo y la esperanza como valor fundamental para concretar los sueños.
La Pascua cristiana como la judía tienen condimentos muy fuertes que plasman un mensaje a la sociedad de hoy tan alejada de aquellos valores que marcan esta tradición.
Los cristianos tienen en Jesús al hijo de Dios hecho hombre que muere en la cruz y resucita marcando el legado que la vida vence a la muerte que se pasa de la desesperanza a la esperanza
La judía no es muy distinta ya que marca el paso del pueblo Hebreo de la esclavitud que vivía sometida por Egipto a la liberación de la mano de Dios.
En definitiva qué tiene que ver la Pascua con los acontecimientos políticos o directamente con la realidad que nos toca vivir se puede uno preguntar.
Y es allí que es donde quiero centrar el comentario de esta semana donde justamente la esperanza tiene mucho que ver.
Vivimos rodeados de desvalores, de actitudes que premian las situaciones irregulares y condenan a las correctas a lo que marcan las leyes.
Y no solo es exclusivo de la dirigencia política sino de una sociedad que ha tomado la violación de las normas y la falta de apego a los valores como un valor en sí mismo.
Es común ver a quien conduce sin casco, o sin el cinturón de seguridad como algo normal cuando en realidad se está violando la normativa vigente y sobre todo se está poniendo en riesgo un valor fundamental como es la vida.
O para tomar a los mas pequeños donde ya no se rescata el que estudia, el que cumple con las tareas sino el que copia en una prueba, el que falta el respeto a sus docentes, o el que llega a cumplir con el objetivo de superar el curso o grado sin importar las herramientas que se utilicen.
Se premia la “viveza criolla” y no el esfuerzo, la dedicación o el estudio. Eso es una mala palabra, en realidad es un estúpido el que trabaja seriamente y cumple con sus obligaciones y es reconocido por los “otros” aquel que viola las normas y logra sacar ventajas con oportunismo y picardía.
Y allí están nuestros dirigentes que nombran familiares en distintos cargos como si fuera algo normal, o hacen negocios con la política o solo pugnan por sus intereses personales o sectoriales muchas veces en detrimento del bien de la comunidad toda.
En definitiva hemos trastocado los valores y en una visión “discepoliana” podríamos plantear como en Cambalache que “Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio o chorro, generoso o estafador... ¡Todo es igual! ¡Nada es mejor! Lo mismo un burro que un gran profesor. No hay aplazaos ni escalafón, los ignorantes nos han igualao. Si uno vive en la impostura y otro roba en su ambición, da lo mismo que sea cura, colchonero, Rey de Bastos, caradura o polizón”.
Pero peor aún tampoco queda margen para la esperanza, para recrear los sueños para posibilitar de alguna manera caminar hacia algún lado.
Ya sea como el Jesús del madero que resucitó de entre los muertos y venció la desesperanza, como el Pueblo Judío pudo salir de la opresión y liberarse, hoy también la sociedad nos plantea estos dilemas donde queda muy poco espacio para la esperanza, para poder ver la luz en el fondo de las tinieblas.
Hemos planteado aquí que es toda la dirigencia política la que debe trabajar en pos de un proyecto de provincia, que es desde el diálogo, el debate y el consenso que se construyen las estructura de una sociedad más justa y solidaria para todos.
Que si le quitamos lugar a los sueños, si seguimos poniendo los desvalores como los valores de la sociedad vamos a seguir construyendo castillos en el aire que se irán desvaneciendo con cada golpe que nos vayan dando.
Los valores son los ladrillos que construyen una sociedad, la esperanza es el combustible que hace posible que se pueden ir concretando los sueños.
El paso de la muerte a la vida no es otra cosa que el paso de la desesperanza a la esperanza, el paso que todos quienes integramos una sociedad organizada debemos dar, cada uno desde sus responsabilidades, pero que se deben dar con fuerza, dedicación, esfuerzo y mucho pero mucho compromiso.
Que lo políticamente correcto y permite que los desvalores nos gobiernen como sociedad se transforme en políticamente incorrecto y que comencemos a llamar a cada cosa con su verdadero nombre.

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